Hay
personas que quieren que su
vida vuele por las corrientes
del aire como si fuera el
laberinto
en el interior de un Baobab. Hay otras que
caminan sin parar
y sin rumbo
fijo esperando
encontrar una luz en su
oscuridad.
Yo soy una de ellas, y como
Ícaro de Brueghel veo los barcos que tranquilamente navegan
sin rumbo fijo para llegar a ninguna parte.

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ResponderEliminarEste microrrelato está muy bien, y me gusta mucho el primer fragmento, dónde habla de las persones que hay dóne el autor (Blanca) se imagina.
ResponderEliminarPerfecto, están todos los ingredientes que os pedía. Y eso es muy difícil en un relato tan breve.
ResponderEliminarEfectivamente, la primera frase es maravillosa. Abre el relato con altos vuelos abstractos. Y el final, al concretar la figura del narrador y añadirle la referencia al poema de Auden y al mito de Ícaro, otorga una gran dimensión interpretativa al conjunto. Qué gran tema has tocado: el dolor del individuo desorientado y la inevitable y heroica indiferencia del mundo que sigue en marcha a pesar de todo.