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jueves, 12 de febrero de 2015

MICRORRELATO

SIN RUMBO

Un día oí hablar de un baobab escondido en una gruta. Así que decidí ir en busca de esa cueva. Entonces, sin saber a dónde me dirigía, empecé a andar y a andar, hasta que la cueva encontré; una gruta sin rumbo, una cueva en la que seguía andando sin que transcurriera el tiempo. Pasaron meses y años y yo continuaba andando y andando, hasta que un día cualquiera y sin razón discernible ni motivo aparente, ni causa conocida, encontré el baobab. Aquel del cual hablaba todo el mundo. Al verlo, sentí como si hubiera encontrado la respuesta a todo aquel mundo sin sentido, volví a casa y al llegar pensé ¿cual era la respuesta?, que iba a hacer, ir otra vez en busca del árbol...

 Judith Milan

jueves, 5 de febrero de 2015

EJERCICIO MICRORRELATO: Más que una semilla.


Era un día como cualquier otro. Yo estaba sentada en el sofá del comedor cuando me percaté de la presencia de una extraña caja debajo de la mesilla del televisor. “¡Qué curioso!... Seguro que no la puse ahí ”, pensé. Cuando finalmente me atreví a examinarla y la abrí, brotó inexplicablemente de su interior una nube blanca y espesa que desprendía unos pequeños aunque intensos destellos de luz, como si un miniaturizado sol se hubiera posado en ese misterioso recipiente. Abrí las ventanas para despejar el ambiente y al aclararse, pude ver lo que contenía: era una simple semilla. Sin embargo, enseguida supe que era mucho más que eso. Ciertamente, fue meterlo en un tiesto y encontrar la humedad de la tierra y empezó a crecer y a crecer, convirtiéndose en un magnifico y esplendido árbol en medio de mi comedor.
Entonces mientras la fabulosa planta crecía hasta reventar el techo del apartamento, y mientras alcanzaba la plenitud absoluta, grabé delicadamente un nombre en el tronco: “baobab”.
Estefania navarro

lunes, 20 de octubre de 2014

LA HISTORIA MODERNA DE APOLO Y DAFNE

Un baobab un niño plantó, y creció a más no poder. Al paso de los años, los vecinos ni tan siquiera la calle podían ver. Un buen día, el alcalde el árbol ordenó talar y el pobre niño lloró a más no poder. Y tanto y tanto lloró, que con sus lágrimas el árbol rebrotó. Para celebrarlo, decidió bautizarlo y tras mucho meditarlo, por el nombre de Dafne se inclinó.